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Hace doce años que abrimos las puertas a los primeros estudiantes que empezaron a trabajar en la Academia Socrática.

Como fundador y director de este centro de coaching educativo, son muchas las experiencias y aprendizajes que he podido atesorar. Todas ellas me han ayudado a mejorar nuestro servicio de forma constante y entender mejor las necesidades de los estudiantes y los problemas a los que se enfrentan.

Me gustaría compartir una docena de estos aprendizajes, desde una visión muy personal de la educación y la sociedad, esperando que sirvan para ayudarte a ampliar tu propia perspectiva.

 

1 – El aprendizaje es intransferible.

Se podría definir la educación como un proceso social y colectivo mediante el que favorecemos el aprendizaje. Sin embargo, el aprendizaje como tal, es un proceso exclusivamente individual, intransferible e indelegable.

No podemos pedirle a nadie que aprenda por nosotros, igual que no podemos pedirle que coma o se vista por nosotros. Y, como comer y vestirse, podríamos entender que aprender también es una necesidad vital. Yo diría que es el factor clave del desarrollo humano. Toda transformación es, en esencia, un aprendizaje.

La educación, como sistema más o menos regulado de socialización y culturización, promueve y encauza ese aprendizaje que sucede dentro de cada persona. Pero, desde mi punto de vista, los sistemas educativos contemporáneos ponen mucho más énfasis en la gestión y la organización de la enseñanza que en la gestión y organización del aprendizaje.

La enseñanza, la labor docente, es necesaria como medio para el aprendizaje. Pero, a veces, me parece que se le da más importancia a lo que se enseña que a lo que se aprende.

Creo firmemente que, como educadores, nuestro deber es hacernos responsables de los procesos de aprendizaje de las personas con las que trabajamos. Cuando entiendo que mi trabajo no es que yo enseñe, sino que tú aprendas, se consigue una mayor eficacia educativa.

Pero que yo me haga responsable del aprendizaje del estudiante con el que trabajo no significa que el estudiante pueda delegarlo en mí. Porque el aprendizaje, como comer o vestirse, sólo nos beneficia cuando lo realizamos sobre nosotros mismos. Aprender es una experiencia subjetiva intransferible. Y ayudar a aprender, si nos lo tomamos en serio, puede ser uno de los trabajos más complejos que existen.

 

2 – La atención es nuestro campo de batalla.

Desde hace tiempo, ya se sabe que la atención es una de las capacidades cognitivas más determinantes de nuestra calidad de vida. Una mayor capacidad de gestionar conscientemente dónde ponemos nuestra atención es una habilidad clave para una vida más plena, productiva y feliz.

En la actualidad, la atención es uno de los recursos más escasos que existen. Por ella se libra una encarnizada lucha en la que compiten tanto las personas que nos piden que se la prestemos en nuestras relaciones cotidianas como las empresas que quieren influir en nuestros hábitos de consumo y las organizaciones sociales y políticas que quieren influir en nuestras creencias y valores.

Todos quieren distraernos y todos estamos, en mayor o menor medida, bastante distraídos. Nunca un estudiante ha tenido que hacer un mayor esfuerzo para gestionar su atención que ahora. El estudio siempre exigió ese esfuerzo, pero la competencia nunca fue la misma.

Ponemos muchas veces el foco en el medio a través del cual nos distraemos. Y, probablemente, haya que quitar pantallas de en medio. Pero lo que de verdad importa es si somos capaces de ayudar a los estudiantes a aprender a gestionar su atención de una forma más consciente y responsable.

Nos han derrotado muchas veces y es normal sentirse acorralado e impotente, pero no debemos dar la guerra por perdida. Recordando siempre que el objetivo final no es que nos presten más atención a nosotros como educadores, que sería sustituir una relación de dependencia por otra, sino que aprendan a ser dueños de su propia atención.

 

3 – No sabemos cómo funciona la motivación.

Estamos hartos de oír que lo más importante es que un estudiante esté motivado. Pero la verdad es que apenas sabemos casi nada sobre cómo funciona la motivación.

La teoría más aceptada, que vincula la motivación a una jerarquía de necesidades, se concibió a mediados del siglo XX y apenas se ha desarrollado. Hay recetas para la motivación de todos los gustos y colores. Desde los refuerzos y castigos de un conductismo mecanicista y deshumanizador al animado entusiasmo de las charlas motivacionales que entretienen más de lo que motivan.

A pesar de que se realizaran a finales del siglo pasado, estoy todavía esperando descubrir cómo se aplican los descubrimientos del neurólogo António Damasio sobre el procesamiento de decisiones a una teoría más avanzada sobre la motivación. Si alguien está investigando algo en este sentido, apenas ha trascendido nada.

Mientras tanto, cada vez lo tengo más claro. Se habla mucho de motivación. Se sabe poco.

La motivación es fundamental para los estudiantes. Es una evidencia práctica. Pero debemos abordar la práctica profesional de la motivación desde una prudente humildad intelectual.

 

4 – La mayoría de las personas no ha aprendido a amar.

Puede parecer incoherente en este contexto, pero este ha sido uno de los aprendizajes que más me ha llamado la atención de estos últimos años de trabajo con los estudiantes y con sus familias.

Los índices de fracaso en las relaciones de pareja son cada vez más altos. No digo que haya que casarse hasta que la muerte nos separe, no seré yo el que defienda el matrimonio ni ningún otro sacramento. Pero, por lo general, la mayoría de personas inicia una relación de pareja con la vocación de que sea, si no eterna, sí estable y duradera.

Cada vez es más habitual trabajar con hijos de padres separados de mejor o peor manera. A veces, de muy mala manera, con los lamentables efectos que eso provoca para un niño y su desarrollo.

Nadie está libre de fracasar una o varias veces en el amor. Pero, cada vez tengo la sensación de que uno de los factores más influyentes en la impresionante generalidad de parejas fracasadas y personas insatisfechas con sus relaciones es que muchas personas no han aprendido a amar.

Este es un tema complejo que merece una reflexión más profunda. Creo que una de las claves es que la mayoría de las personas buscan a alguien que las ame, no alguien a quien amar. Otra clave, es que muchas relaciones se enfocan desde el disfrute a corto plazo; porque estamos influidos por una sociedad en la que, en general, se desprecia el sacrificio del presente para construir un futuro. Pero este es otro aprendizaje del que hablaré más adelante.

Se crece mucho mejor en un entorno donde existe el amor que en uno donde carece. Y, lamentablemente, este es un reto al que tenemos que enfrentarnos cada vez con más frecuencia los educadores cuando trabajamos con los estudiantes.

 

5 – Los hijos de la crisis idolatran el dinero.

Para quienes nacimos en el siglo XX, puede ser difícil ser conscientes de que los estudiantes con los que trabajamos no conocieron el mundo antes de la crisis de 2008.

Uno de los aspectos que más me llama la atención es cómo el contexto de crisis económica en el que han crecido quienes ahora están llegando a la mayoría de edad ha tenido una enorme influencia en que una de las cosas que más se valora en la actualidad es el dinero y el poder económico.

No es nada extraño oír hablar a adolescentes de libertad financiera, monetización o ingresos pasivos, conceptos que hace unos quince años eran prácticamente desconocidos para el público general.

Destacan y son fácilmente criticables los iconos de ostentación y despilfarro que nos llegan del mundo del espectáculo, el deporte y las redes sociales. Hoy mismo unos padres me han dicho que su hijo de doce años quiere ser futbolista o youtuber. Pero no son pocos los jóvenes que desde un enfoque menos soez e irresponsable están preocupados por ser capaces de tener un adecuado desarrollo profesional y alcanzar una posición económica segura, priorizando valores como el pragmatismo y la rentabilidad a la hora de tomar decisiones.

Es muy fácil criticar, pero el verdadero reto es comprender a una generación con una visión del mundo diferente a las que le precedemos.

 

6 – Los trastornos de salud mental están matando a los jóvenes.

Ya lo sé, el título es sensacionalista. Era por resumir. Pero cada vez está más claro que las poblaciones desarrolladas están experimentando un retroceso en su calidad y esperanza de vida a causa de los trastornos de salud mental. Y esto está afectando a personas con edades cada vez más tempranas.

Al mismo tiempo que estamos siendo capaces de ofrecer mayores oportunidades de supervivencia a personas para las que un determinado diagnóstico suponía una sentencia de muerte inevitable, enormes sectores de la población están experimentando un retroceso en su calidad de vida a causa de unos trastornos que, en comparación, nunca habían parecido igual de fatales.

La mayoría de psicólogos coinciden que los efectos de la pandemia y el confinamiento en la salud mental están todavía desarrollándose. En lo que se refiere a los estudiantes, la interrupción de las escolarización ha ocasionado distintos tipos de problemas según cuál fuera la edad a la que se produjo. Algunas cosas han cambiado de forma aparentemente irreversible; como, por ejemplo, el uso de aplicaciones móviles en clase y la relajación de los estándares de exigencia.

Todos estamos intentando adaptarnos lo mejor que podemos a este nuevo mundo, pero muchas personas están rompiéndose mentalmente por el esfuerzo que les supone esta adaptación. A los educadores no nos queda otra que hacernos responsables de esta situación y aprender a trabajar con ella lo mejor que podamos.

 

7 – Las matemáticas cada vez se enseñan peor.

Llevo doce años viendo un retroceso cada vez mayor en la calidad de la enseñanza de las matemáticas. La paradoja es que, actualmente, la carrera de matemáticas tiene una de las notas de corte más altas y las personas con estas competencias están cotizadísimas en el mercado laboral. Pero la mayoría de los estudiantes (y de los profesores) cada vez saben menos matemáticas.

Una de las causas que sospecho que está detrás de este fenómeno es que muchas de las personas que terminan optando por una carrera profesional en magisterio o educación secundaria son personas que evitaron cursar matemáticas durante bachillerato. Muchos de los maestros y maestras que terminan trabajando en las escuelas fueron estudiantes a los que nunca les gustaron ni terminaron de entender las matemáticas. Algunos, incluso las desprecian o las odian. Y eso es algo que sé perfectamente porque algunos de ellos han trabajado conmigo mientras preparaban sus oposiciones.

Esto provoca que cada vez sea más habitual que los estudiantes lleguen a educación secundaria con importantes déficits que, en muchas ocasiones, nunca llegan a resolverse. No es nada raro encontrarse a estudiantes de cuarto de ESO resolviendo ecuaciones bicuadradas sin saberse las tablas de multiplicar y siendo incapaces de hacer una división a lápiz.

El dominio del lenguaje lógico-matemático es una competencia clave en nuestro mundo. No es la única, pero cada vez más carreras profesionales se apoyan en mayor o menor medida en la capacidad de entender y utilizar esta forma de analizar la realidad. Sin embargo, frente a una exigencia académica y social cada vez mayor, el nivel de los estudiantes es cada vez peor. Y no es su culpa.

 

8 – La educación bilingüe no ayuda a aprender ni inglés ni español.

Desde mi punto de vista, el experimento de la educación bilingüe en primaria es un absoluto fracaso. El resultado de este experimento, en la mayoría de los casos, es el de estudiantes que han recibido una educación primaria de menor calidad, simplificando los contenidos y reduciendo la exigencia para poder explicar las cosas en español al mismo tiempo que se pide que los ejercicios se realicen en inglés.

Hoy mismo he confirmado que tres estudiantes de bachillerato no sabían que la Luna tarda veintiocho días en dar una vuelta a la Tierra y que el agua hierve a cien grados y ha sido porque estaba poniendo estos hechos como ejemplo de uno de los usos del presente simple en inglés.

Pero, a la vez que se empeora la calidad educativa sin que se mejore el nivel de inglés, el desuso del español con muchas de las asignaturas bilingües provoca un empobrecimiento del vocabulario que da la cara, sobre todo, en los niveles superiores.

Uno de los beneficios que deberíamos esperar que la educación aporte a los estudiantes es ayudarlos a ser mejores a la hora de decir lo que las cosas son. Acertar a nombrar la realidad es el paso previo para poder comprenderla. Pero, lamentablemente, no son pocos los estudiantes que carecen de palabras para decir lo que las cosas son, ni en español, ni en inglés.

 

9 – Ningún profesor está obligado a actualizarse ni a mejorar profesionalmente.

Uno de los descubrimientos más inesperados que realicé durante estos años, en el contexto de unas jornadas de conferencias sobre TDAH en la Universidad Pablo de Olavide en las que participé también como ponente, es que la dirección educativa de la Junta de Andalucía no puede obligar a los profesores que trabajan para ella a formarse en ninguna materia específica.

Esta cuestión surgía en relación a porqué era tan difícil que los conocimientos que se tenían por parte de los responsables especializados en la atención a las necesidades educativas especiales llegaran al conjunto de profesores que trabajan con los estudiantes afectados por distintos trastornos del aprendizaje. Lo sincero y honesto de la respuesta nos dejó a más de uno pasmado, así como el hecho de la realidad que dejaba entrever. Los jefes de los profesores no les pueden obligar a formarse en ninguna materia específica. Los profesores tienen la libertad de elegir en lo que quieren formarse. Y si eligen no actualizarse en determinadas cuestiones, no hay nada que sus jefes puedan hacer.

Comprendo que los profesores que trabajan en la Educación Pública, como colectivo profesional, tengan fuertes incentivos para protegerse de los intentos de manipulación política a los que se pueden ver sometidos por parte de sus superiores. Pero la corporativización del sector puede generar estos perversos efectos secundarios, como impedir que otros profesionales especializados que, como ellos, trabajan para la mejora de la Educación Pública, sean incapaces de promover la difusión de unos conocimientos cada vez más necesarios.

Desde aquellas jornadas hasta ahora, se ha avanzado mucho en la capacidad de atención a la diversidad, porque muchos profesores son conscientes del problema y se hacen voluntariamente responsables. Pero los vicios del sistema existen. Y sus efectos nocivos también.

 

10 – Vivimos en un entorno que fomenta la inmadurez y la irresponsabilidad.

Niños y jóvenes son, han sido y serán, por definición y por naturaleza, inmaduros. Pero en un mundo en el que la juventud es capaz de alargarse hasta pasados los treinta, si no acaso los cuarenta, la inmadurez y la irresponsabilidad se están extendiendo mucho más allá de lo que les es propio.

El “carpe diem” se ha consolidado como uno de los valores supremos de nuestro tiempo. “Disfruta el presente, que nadie sabe lo que nos depara el futuro.” Ya era así desde hacía tiempo, pero la pandemia lo ha llevado a un extremo casi esperpéntico.

Por el contrario, se desprecia el valor del sacrificio. La conciencia temporal es cada vez más cortoplacista. Nuestros antepasados podían sobrellevar uno o dos años de malas cosechas antes de verse en apuros, pero nosotros vivimos al mes. Ser responsable exige un esfuerzo, y hay quienes nos lo quieren ahorrar y ponérnoslo fácil. Hay quienes nos quieren irresponsables, inmaduros y dependientes.

Es difícil exigirle responsabilidad a los estudiantes para que maduren cuando el contexto en el que viven desprecia la madurez en sí misma. Edadismo, que se dice ahora. Como la escasez genera valor, la juventud, cada vez menos frecuente en una sociedad envejecida, se valora más. Antes había más niños que mayores y competían entre ellos por la atención de los adultos. “Mírame papá.” Ahora hay pocos niños y muchos adultos que compiten por su atención. “¿A quién quieres más, a mamá o a papá?” Y a muchos niños se les mantiene como pequeños emperadores por unas migajas de su cariño, cada vez más voluble y caprichoso.

Y muchos padres, fracasados en el amor, no dudan de tirar de la tarjeta de crédito para comprar el amor (la atención, más bien) de sus hijos. “Yo te doy lo que quieras, pero tú quiéreme hoy, que el futuro nadie sabe…”

 

11 – Hay familias dispuestas a sacrificarse por la educación de sus hijos.

No todo está perdido. Si llevo doce años pudiendo hacer lo que hago es porque he contado con el apoyo de muchas familias que creen que lo que les ofrezco merece el esfuerzo y el sacrificio. Hace poco una madre me confesaba, con una grata y bienvenida honestidad, que nuestros servicios eran para ella como una segunda hipoteca. Suponía un sacrificio, pero lo valoraban como una inversión.

La escasez genera valor. Y la escasez de educación nos hace más conscientes de su valor. Siento que cada vez son más las familias que son conscientes de la importancia de una buena educación para el bienestar futuro de sus hijos. O de sus nietos, porque tampoco es extraño tratar con los abuelos que sacrifican su tranquilidad y su tiempo para hacerse cargo de los niños mientras los padres trabajan para poder hacer frente a todo.

A pesar de lo oscuro que parece que está todo, esta es la luz al final del túnel que me anima a seguir avanzando. Mientras haya personas que apuesten por nosotros, con la confianza de poner en nuestras manos lo más valioso que tienen, hay esperanza. No sé si somos una inmensa minoría o una mayoría silenciosa. Pero quienes nos preocupamos y nos ocupamos de la mejora de la calidad educativa no estamos solos.

 

12 – La educación son los cimientos del poder.

Hace unos años descubrí el análisis de Ray Dalio sobre los ciclos de cambio en el orden mundial. Entre los distintos factores que, a lo largo de la historia, han propiciado la hegemonía de distintos imperios, uno tras otro, el primero de todos ellos, al que sucedían los demás, era la educación.

El poder comienza por la educación. Cuando una comunidad social desarrollaba una mejor educación esta venía seguida por una ventajas de distinto tipo con efectos económicos, militares y políticos que llevaban a la superación de una potencia mundial por otra.

Después de doce años sigo creyendo que la educación es una de las mejores herramientas para el desarrollo de la sociedad, pero el análisis de Dalio me ayudó a contextualizar esta creencia en un paradigma mucho más amplio.

A veces, en el día a día, me pregunto si habré acertado con esta apuesta que hice hace doce años: servicios de coaching educativo para el desarrollo académico y personal de los estudiantes. Doce años después, hay algo que sigue siendo verdad: hace falta.

No sé cuantos años más le pueden quedar a esta aventura y si llegará a sobrevivirme, si es que hay alguna persona tan loca como yo para recoger el testigo. Pero, mientras me queden fuerzas, seguiré poniendo los granitos de arena que pueda para ayudar a más personas a aumentar su poder a través de la educación.

– Escrito por José Arahal, director de la Academia Socrática, el 20 de febrero de 2024.