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Si algo nos enseñan las victorias del pasado, las hazañas de los grandes conquistadores de la historia, es que para ganar hay que aprender a no rendirse. Hay que aprender a querer lo que se quiere con tanta perseverancia que se hará lo que haga falta para conseguirlo.

Sin embargo, en la actualidad, observamos tendencias en la pedagogía de las generaciones más jóvenes que hacen bastante difícil este aprendizaje. Percibimos el riesgo de que estemos educando a los niños de hoy en día sin darles la oportunidad de aprender a querer. No en el sentido de amar a otras personas, no nos referimos a ese significado del querer, sino al de querer algo tanto como para mover el culo e ir a por ello (que, bien mirado, también tiene bastante que ver con amar a alguien).

Vivimos en un mundo en el que se ha vuelto normal que a los niños se les regalen objetos que deberían ser considerados como artículos de lujo (porque en la mayoría de los casos tienen unos lujosos precios y atributos) sin que tengan que hacer el más mínimo esfuerzo, aparte de pedirlos como si fueran un derecho inherente a su infantilidad. 

Y, al mismo tiempo que se les colma de lujosos regalos se les priva de lo que les es más necesario. Muchos niños carecen de una buena alimentación (la obesidad no deja de ser otra forma de desnutrición). Tantos más han perdido la capacidad de aburrirse (algo imposible cuando se vive rodeado de tecnologías de distracción masiva), con lo necesario que es aburrirse para desarrollar el anhelo de explorar el mundo que desconocemos o desarrollar la creatividad para inventar un mundo nuevo. Y, al igual que la mayoría de los adultos, estos tiempos modernos han arrebatado a los niños la capacidad de darle sentido a sus vidas (porque serán niños, pero no tontos, y al final se acaban dando cuenta de que se les está educando para un mundo que ya no existe, porque ni siquiera sus propios profesores son capaces de explicar esta vertiginosa realidad en continuo y acelerado cambio).

¿Cómo se puede aprender a querer conseguir algo cuando los caprichos más superfluos son satisfechos sin esfuerzo y las necesidades más elementales quedan siempre postergadas?

Siendo pesimistas, podríamos pensar que vivimos en las perfectas condiciones para criar una sociedad de tiranos ególatras y pusilánimes que se quejan porque nadie les da lo que se creen que se merecen, aunque no hagan nada por ganárselo. El caldo de cultivo idóneo para que estos pequeños tiranos busquen, apoyen y lleven al poder a un gran tirano que sirviéndose del populismo más primitivo les prometa satisfacer hasta el último de todos sus irracionales deseos.

Menos mal que en la Academia Socrática no somos pesimistas. Y recordamos (aunque sea de vez en cuando) que la misión con la que abrimos este centro de coaching educativo es contribuir a la transformación y el progreso de la sociedad mediante el desarrollo personal y académico de los estudiantes y la mejora del sistema educativo.

Desde nuestra trinchera, haremos lo que esté nuestra mano para que los estudiantes con los que trabajamos aprendan a querer las cosas que son buenas para ellos y a esforzarse por conseguirlas. Intentaremos, en la medida de lo posible, que entiendan mejor el mundo en el que vivimos, aprendiendo a satisfacer sus necesidades aunque casi siempre estén ocultadas bajo sus deseos. Y, como hemos hecho desde el principio, basando nuestro trabajo en educar en consciencia y responsabilidad.